lunes, noviembre 12, 2007

Haciendo más de lo mismo, he obtenido lo mismo.

Alguna vez, Albert Einstein dijo: "Loco es el que hace más de lo mismo, esperando resultados diferentes" o en otras palabras, si quieres un resultado diferente, no hagas más de lo mismo.

Como seres humanos, tendemos a juzgarnos a nosotros mismos por nuestras intenciones y al resto por sus acciones y las consecuencias. Esta forma de funcionar, que puede llegar a ser muy sana para la autoestima, el ego y el cuidado personal, tiene algunos contras.

Personalmente, por ejemplo, muchas veces no tolero lo que hacen otros. Como no veo intenciones de fondo, tiendo a enjuiciar. Puedo llegar a creer que el otro tiene posibilidades de mejorar tendientes a cero.

Eso me pasa por el lado de juzgar sólo las acciones de los otros.

Y para no dejarlo solamente fuera de mí, el juzgar solamente mis intenciones, sin ver hechos o consecuencias, también tiene sus contras.

Hoy día fue un día de insight. Me di cuenta que al juzgar mis intenciones y no lo que hago o esas consecuencias, he llegado a ser demasiado transigente conmigo mismo. He vivido últimamente con una baja capacidad de mejorar en relación a mi potencial, debido a que "como mis intenciones son buenas, seguramente estoy haciendo lo correcto." (Algo así han sido mis diálogos internos desde un tiempo a esta parte.)

Me di cuenta de esto pensando en algunas relaciones interpersonales. En algunas, he tomado un "rol" de patrocinador (inconcientemente), lo que me pone en una cierta posición en relación a un otro. Este rol permite llenar los vasos de otros. Potenciar sus recursos. Defender, proteger, amapar y favorecer a otros.

¡Que linda intención hay detrás de actuar así!

Sin embargo, el resultado que obtenía de esas relaciones, no era el esperado. Y cuando mi resultado era diferente a las expectativas, me frustraba. Me enredaba en el juicio de que había fracasado.

Mis expectativas no eran las de crear relaciones verticales (el patrocinador, de una u otra forma, está por sobre el patrocinado). Mis esperanzas estaban puestas en lograr justamente lo contrario: relaciones horizontales.

Y de esa forma, patrocinando, podía pasarme años tratando de alcanzar relaciones horizontales y no las obtenía...¡pero mis intenciones eran tan buenas que no cambiaba!

No obtener los resultados esperados me puso muchas veces en una postura de víctima: Esperaba que los otros cambiaran para adecuarse a lo que yo les entregaba como patrocinador y, desde ahí, crear las relaciones que yo esperaba.

Hoy se me prendió la alarma: Logré darme cuenta que estaba actuando como patrocinador en relaciones que requieren que haga cosas distintas, que tome otros roles...Haciendo lo mismo de siempre, he obtenido lo mismo. ¡Llevo años tratando de obtener resultados diferentes y sigo haciendo lo mismo!

Me puse a pensar, que, para poder obtener resultados diferentes, tengo que deconstruir lo que he construido como patrocinador (al menos una parte) y empezar de nuevo de otra forma.

¿Alternativas?
Dos. Pensar una estrategia o dejarme fluir.

Hasta antes de llegar a la frase anterior, no tenía claro que alternativa seguir. Ahora se me prendió otra luz de alarma: Si elijo pensar una estrategia, probablemente voy a caer de nuevo en el patrocinio, porque es la estrategia que mejor conozco.

Dejarme fluir desde mis emociones y lo que siento, quizás no me lleve al resultado que espero, pero al menos me llevará a resultados diferentes...y a estas alturas, eso es un gran paso.

2 comentarios:

Ignacio Fernández dijo...

De acuerdo. Es mejor fallar buscando un nuevo camino que mantenerse en la inercia de lo conocido. La innovación está en los bordes, el autoliderazgo en la niebla del sí mismo. Así que, agua, pura agua y emoción para fluir a un lugar diferente del actual, y eso es expandir, buscar, aunque erres. Al menos tienes la probabilidad de lo nuevo.

Malina dijo...

Rai,

Que te puedo decir...si ya lo estas diciendo todo. Me encanta ver y ser espectadora de tu crecimiento espiritual o como quieras llamarlo. Desde el año pasado hasta esta parte, siento que no eres el mismo, eres mil veces mejor y en parte todo se podría deber a la oportunidad de abrirte al mundo a través del amor, del cariño que los demás te podemos entregar.
Es lindo verte así, grande, integrado, entregado...

Un abrazo gigante y felicitaciones por inigualable descubrimiento!!!

Besos,

Mali.